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Ðαlαgαг

INMIGRACIÓN

¿¿ Iимιgяαcιόи = Рσвяεzα ??

Una ecuación falsa

JAVIER BOTEY 07/10/2001

En el imaginario colectivo sobre la inmigración predominan los tópicos: la invasión, la pérdida de trabajo por las personas autóctonas. Uno de estos mitos o tópicos suele presentarse con la sugestiva forma de la ecuación matemática. En uno de los lados separados por el signo igual está la inmigración. Y en el otro, la delincuencia. Avezados comentaristas del fenómeno migratorio finalizan la ecuación rápidamente y me temo que haciendo alguna pequeña trampa.

      Para empezar, dejar claro que la inmigración ilegal no es un delito en España. Otro dato: el porcentaje de personas inmigrantes detenidas como presuntos autores de un delito con respecto al total de inmigrantes no es superior al de personas detenidas por el mismo motivo en relación con el total de la población española. Para que salga bien la ecuación necesitamos un salto. Muchos recordarán como Abel Matutes decía el año pasado que los inmigrantes ilegales no existen para el Gobierno. Sin embargo, en las estadísticas de inmigrantes detenidos sí aparecen y estas detenciones engrosan el total pasando inadvertidas para quien no conoce el dato. Nos encontramos con que aquellas personas de las que se predica su no existencia son usadas como palanca de un peligroso salto.

      Nos encontramos con casos singulares. Se produce un horrible crimen en Pozuelo de Alarcón (Madrid). Resulta que el presunto asesino es moldavo y no tiene permiso de residencia. Voces como la de Ana Botella claman: '¿Cómo es que no se le había expulsado?'. Se impulsan cambios legislativos como el de los 'juicios rápidos'. Menos mal que alguna mente lúcida repara en que tales juicios ya están previstos y que si no se celebran en más ocasiones es para salvaguardar los derechos de los ciudadanos españoles, cuya defensa requiere de una aplicación concienzuda de las leyes. Vivimos días de agitación, días en los que la presunción de inocencia de las personas con nombre musulmán parece no estar asegurada. No conviene bajar la guardia, recordando a Brecht.

      La ecuación es falsa. Habría que hablar de marginalidad. Pero en estos días comprobamos que no todos los inmigrantes son marginados. Han tejido redes que les permiten subsistir. Quien más quien menos trabaja y se gana la vida. Además, la Ley de Extranjería del PP no se aplica, prácticamente. Se agranda el espacio entre inmigración y marginalidad. Por no hablar del salto entre marginalidad y delincuencia. ¿Quién identificaría marginados españoles y delincuentes? La inmigración es una realidad cada vez más asumida y una perspectiva de futuro que se empieza a palpar.

      Javier Botey es abogado y miembro de la Oficina de Extranjeros de CC OO.

      Ðεlιηcuεηcια...

      ¿Es la inmigración la responsable del aumento de la delincuencia?

      Los delitos cometidos por extanjeros crecen un 50%

      LYDIA GARRIDO 07/10/2001 (EL PAÍS)

      Los datos sobre los delitos cometidos en el primer semestre de 2001 evidencian una ineficacia manifiesta de las fuerzas y cuerpos de seguridad y de los responsables políticos que deben dotar a aquéllos de los medios humanos y técnicos necesarios para su trabajo. Que en Alicante, según el sindicato de Policía, la delincuencia haya crecido un 30% (frente a un 9,3% de media en España), que los robos con intimidación hayan aumentado en la ciudad de Valencia entre enero y julio un 34%, que sólo en esa categoría delictiva se hayan superado las 3.500 denuncias en un semestre, ha servido para que doctos y profanos se lancen a la búsqueda de un culpable, eso después de que los responsables políticos de la policía silenciaran primero y minimizaran después una estadística incontestable. Y ha resultado que la raíz de todos los males está, para muchos, en la inmigración.

          El subdelegado del Gobierno en Alicante, Luis Garrido, fue el primero en señalar con el dedo, sin temblor alguno, cuando estaba en funciones de Delegado el pasado agosto y apuntó a los inmigrantes como causa fundamental del aumento de los delitos en la Comunidad. Su reflexión fue secundada semanas después por el jefe de la policía nacional de Alicante. Y esta afirmación categórica la hizo también hace escasos días el ministro del Interior, Mariano Rajoy, cuando dio incluso datos referidos a algunas capitales, entre ellas Valencia, en las que residían inmigrantes en situación irregular que habían sido detenidos en un centenar de ocasiones y que no podían ser expulsados por tener causas pendientes.

          Al sustrato cultural se añade un bombardeo más o menos sutil que convierte a los inmigrantes, especialmente aquéllos a los que sus rasgos delatan, en punto de mira de todas las sospechas. Los datos de que dispone el Cuerpo Nacional de Policía correspondientes al año 2000 señalan que los detenidos por delitos penales fueron en un 77,5% españoles. El resto se reparte en un 10,5% procedente del Magreb (especialmente de Marruecos y Argelia), un 3,4% de América Latina (la mayoría de Ecuador y Colombia) y un 1,2% de países asiáticos o de origen desconocido. Tras facilitar el sindicato policial las cifras sobre el aumento de la delincuencia en los seis primeros meses del año, el mismo Cuerpo, tal como señaló su director general, Juan Cotino, dijo que mientras el número de delitos protagonizados por españoles se mantiene, los cometidos por extranjeros crecen en un 50%. En la tipología de delitos, el robo y el robo con fuerza, especialmente en vehículos e inmuebles, son el 70% de los que cometen ciudadanos extranjeros.

          Mientras se apunta hacia los inmigrantes, se evita poner la atención en otros factores que inciden directamente en la lucha contra la delincuencia. Por ejemplo, los efectivos policiales con los que se cuenta. El propio Cotino reconoce que la población en la Comunidad ha crecido en los tres últimos años en 150.000 personas, el equivalente al censo de ciudades como Castellón o Elche. Sin embargo, los agentes de los que dispone el Cuerpo en la Comunidad son escasamente los mismos que hace seis años. Lo que significa que cada policía tiene mayor número de ciudadanos a su cargo. En la última década, la policía ha perdido 10.000 agentes en toda España. La Comunidad tenía en 1995 3.303 agentes y ahora tiene 3.358. El leve aumento no se corresponde en absoluto con el que el propio Cotino refiere en la población. Pero para el director general de la Policía, no sólo no faltan efectivos sino que el leve repunte en la cifra de agentes en la Comunidad es motivo de satisfacción en comparación con otras autonomías que han seguido perdiendo efectivos.

          Sea como fuere, la disminución de agentes ha corrido paralela, especialmente en el último año, a un aumento de la delincuencia. Aumento que Cotino explica a partir de una mayor presentación de denuncias. La realidad de las cifras no ha provocado ni una mínima autocrítica por parte de los distintos cuerpos y fuerzas de seguridad. Se han echado balones fuera contribuyendo a un sentimiento de criminalización del inmigrante. De hecho, el factor nacionalidad (un dato que complementa cualquier información) se lleva a los titulares de las notas de prensa que emiten los diferentes cuerpos de seguridad cuando se trata de rumanos, magrebíes, argelinos, colombianos..., y no así si son de Barcelona, Sevilla, Madrid, Alicante o Cuenca.

          La significación del país de origen en episodios de delincuencia está provocando actitudes xenófobas que afectan a la convivencia, por ejemplo, de barrios como el de Russafa en Valencia, donde vive un gran número de extranjeros procedentes del Magreb, de países subsaharianos y de Asia.

          Rдcisмо & Xεиоғовiд

          Rдcisмо & Xεиоғовiд

          Comunicado de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado ante el hecho de que un mediador de CEAR en la Comunidad Valenciana ha recibido una paliza de unos neonazis en Gandía.

          La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) insta a las autoridades a que investiguen de manera exhaustiva e independiente las agresiones racistas y xenófobas que se están produciendo de manera alarmante en la Comunidad Valenciana, y se castigue a los culpables. Sólo de esa manera se podrá poner fin al clima de impunidad en el que los agresores se mueven, y al aumento de este tipo de violencia.

          La última de estas agresiones tuvo lugar en la calle Mayor de Gandía el pasado sábado 22 de abril, con la calle repleta de gente. Tres jóvenes con estética neonazi propinaron una paliza, sin mediar palabra, a un inmigrante senegalés. Paradójicamente, el agredido trabaja como mediador intercultural en un programa de CEAR y La Caixa para que la palabra y el diálogo sean las herramientas de construcción de una convivencia pacífica entre la población de acogida y los cientos de miles de inmigrantes que, en su inmensa mayoría, viven y trabajan pacíficamente entre nosotros aportando riqueza.

          Esta última agresión racista es una más de las que se están sufriendo en la Comunidad Valenciana sin que las autoridades actúen al respecto. Sólo en las últimas semanas, otros dos inmigrantes subsaharianos han sido agredidos en Gandía: un joven mauritano, a quien le rompieron un dedo, y un senegalés. En ningún caso se ha presentado denuncia debido al miedo y a la impunidad en la que suelen quedar este tipo de agresiones.

          Según datos que manejan organizaciones sociales contra el racismo, en la Comunidad Valenciana se produjeron alrededor de trescientas agresiones racistas y xenófobas durante 2006, y más de mil personas pertenecen a grupos neonazis. Sin embargo, no hay datos oficiales ni existe en nuestro país un organismo oficial especializado que se encargue de este tipo de agresiones, a pesar de que así lo establece la directiva europea 43/2000.

          CEAR hace un llamamiento a la sociedad civil y a los partidos políticos para que se rechacen categóricamente estas agresiones racistas y se trabaje entre todos por una sociedad en la que los inmigrantes no sean tenidos en cuenta sólo como mano de obra sin derechos porque esto es una puerta abierta para el racismo y la xenofobia.